Lángos
El pan frito que perfuma las ferias húngaras: lángos con ajo, crema agria y queso. Descubre por qué la levadura y el aceite bien caliente son clave.
La historia detras
La masa lleva levadura, lo que la distingue de una simple fritura: al fermentar genera burbujas de gas que, al contacto con el aceite caliente, se expanden y crean ese interior aireado y elástico bajo una corteza crujiente. El aceite debe estar bien caliente para que la masa selle rápido y no absorba grasa de más; si está tibio, el lángos sale aceitoso y pesado.
Recién frito se frota con ajo y se cubre con crema agria y queso rallado, la versión más clásica. El calor derrite el queso apenas, la crema aporta acidez fresca y el ajo crudo le da ese golpe punzante que define al lángos de feria.
Preparacion
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1Mezcla la levadura con el agua tibia y el azúcar, y deja que repose unos 10 minutos hasta que burbujee.
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2En un bol grande, junta la harina con la sal y añade la mezcla de levadura. Amasa hasta que tengas una masa elástica y algo pegajosa.
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3Cubre la masa y déjala levar en un lugar cálido por una hora o hasta que doble su tamaño.
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4Con las manos aceitadas, toma trozos de masa y estíralos formando discos delgados con los bordes un poco más gruesos.
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5Fríe cada disco en aceite bien caliente hasta que esté dorado de ambos lados.
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6Saliendo del aceite, frota un poco de ajo machacado encima para darle ese sabor clásico.
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7Cubre generosamente con la crema agria y termina con una montaña de queso rallado. ¡Cómelo antes de que se enfríe!
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